TRATAMIENTO PSICOLÓGICO DEL TDAH


El TDAH es una alteración neurobiológica que se desarrolla durante la infancia y que se debe a una conjugación de diferentes factores de origen genético, psicológico y social. Sin embargo, aunque se conoce que la herencia desempeña un rol esencial en la expresión del TDAH, numerosas investigaciones apuntan que las características psicológicas del niño, su temperamento y sus habilidades sociales pueden incidir en la intensidad de los síntomas, atenuando o agravando el trastorno.

Por eso, cada vez más expertos apuestan por las terapias psicológicas como tratamiento de elección para el TDAH infantil. De hecho, el tratamiento psicológico no solo se dirige a controlar los síntomas sino que también ayuda a prevenir muchas de las consecuencias de este trastorno, estimula un desarrollo más saludable del niño y le ofrece herramientas de autocontrol.


Básicamente, en el tratamiento psicológico del TDAH se trabajan los aspectos conductuales, emocionales y sociales que se encuentran en la base del trastorno. Para ello se recurre a un conjunto de técnicas, fundamentalmente conductuales, que buscan eliminar los comportamientos disruptivos, establecer normas y límites y desarrollar hábitos positivos y productivos. También es muy eficaz el entrenamiento en habilidades sociales ya que así se le enseña al niño a resolver conflictos de manera asertiva y este aprende técnicas de relajación que le permiten controlar la ansiedad y la hiperactividad, así como técnicas de autocontrol para mejorar su capacidad atencional y reducir sus respuestas impulsivas.

Tres enfoques psicológicos para abordar el TDAH

Terapia conductual

Uno de los enfoques psicológicos más utilizados en el tratamiento del TDAH infantil es la terapia conductual, la cual se centra en eliminar las manifestaciones hiperactivas e impulsivas, estimulando respuestas más reflexivas por parte del niño. En esta terapia el niño aprende a monitorizar su propio comportamiento y desarrolla patrones de conducta bien estructurados que le ayudan a controlar la hiperactividad e impulsividad. Para lograrlo se recurre a técnicas de reforzamiento positivo como el elogio, las recompensas, los privilegios y la atención positiva, con las que se estimulan las conductas positivas en el niño.

En cambio, para reducir los comportamientos impulsivos e indeseados no se recurre al castigo sino a las técnicas de extinción, como el tiempo fuera, en las que, básicamente, los padres deben dejar de prestarle atención a la conducta que desean eliminar, de forma que esta vaya desapareciendo paulatinamente.

Terapia cognitiva

Se trata de otro de los tratamientos de elección para el TDAH infantil, en el que se le ofrecen al pequeño una serie de herramientas que le permiten ganar en autocontrol y mejorar su capacidad atencional y su habilidad para solucionar problemas. El terapeuta se centra en estimular niño habilidades sociales específicas que le permiten al niño regular mejor su comportamiento, como por ejemplo: pedir ayuda, compartir juguetes o esperar su turno. Algunas de las técnicas más eficaces son: la autoinstrucción, en la que el propio niño se da órdenes para modificar su comportamiento (como “voy a atender al profesor” o “tendré más cuidado con los juguetes”), el autocontrol, que suele combinarse con distintas técnicas de relajación, y la técnica de resolución de problemas, en la que a través de diferentes recursos de la vida real o de situaciones imaginarias se le pide al pequeño que reflexione sobre los problemas que tiene que resolver, lo cual hace que vaya ganando en responsabilidad, a la vez que desarrolla sus habilidades sociales.

Terapia socio-educativa

Se trata de un soporte esencial de la atención especializada del niño con TDAH ya que muchos de los factores que forman parte de la vida cotidiana del pequeño terminan afectando directa o indirectamente la expresión del trastorno. En este caso, la terapia se dirige a educar a los padres sobre el manejo de la hiperactividad en sus hijos. Normalmente se les recomienda establecer normas claras y límites bien definidos en el hogar, así como planificar de manera detallada las tareas cotidianas del pequeño. También se les sugiere incluir en su rutina diaria actividades dinámicas o la práctica de deporte, que le permitan al pequeño liberar el exceso de energía y ansiedad, para que disminuya la hiperactividad. Además, se les suele sugerir que presten una atención especial a la dieta de sus hijos ya que en algunos casos una alimentación libre de azúcares, aditivos y colorantes y rica en minerales, vitaminas y ácidos grasos esenciales puede contribuir a minimizar los síntomas.
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