Asumir el TDAH de tu hijo



Como padre o madre, desde hace tiempo sabes que algo no va del todo bien aunque no quieres pensarlo demasiado. Vienes observando que tu hijo se distrae mucho y a veces parece estar en la luna. Necesita una persona a su lado para hacer las tareas escolares y el maestro te ha dicho que no puede estar tan encima de él.


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Tal vez le falta autonomía para organizarse, nada importante, pero depende más de los adultos para el día a día que otros niños de su edad, o que sus hermanos. Tal vez el desayuno y el aseo matutino son un suplicio, tal vez por las tardes no termina de hacer las tareas tan rápido como sus compañeros. Es posible que le inviten a pocos cumpleaños y también puede que en el parque tenga frecuentes conflictos. Es posible que hayas notado que sus abuelos o sus tíos se resisten a tenerlo bajo su cuidado, porque tienen dificultades para conseguir que les haga caso. También puede que en casa tenga habitualmente explosiones de ira o rabia cuando no consigue lo que quiere.

Tal vez no, tal vez simplemente su profesor te ha dicho que su ritmo de aprendizaje no se corresponde a lo esperado para su edad y su capacidad. Entonces decides comentarlo con un profesional.

Su pediatra, probablemente tras realizarle un chequeo de salud general, te recomienda acudir a un especialista. Tal vez te envíe a la consulta de psiquiatría infantil o de neuropediatría. Es posible que te parezca exagerado y prefieras que le vea un psicólogo o un psicopedagogo, puede que pienses en que te asesore un educador.

Finalmente, con o sin los resultados de la evaluación psicopedagógica y el asesoramiento del psicólogo o del educador, sin saber cómo, ya desesperado por el rendimiento y comportamiento de tu hijo, acabas en la consulta del médico especialista.


Después de la consulta

La verdad es que el médico no ha tenido dudas y ha tardado mucho menos de lo que pensabas en darte un diagnóstico. Te sorprende que no le haya realizado muchas pruebas médicas. Tú esperabas un montón de exploraciones complicadas, pero simplemente os ha escuchado, ha observado al niño, os ha realizado unas preguntas sencillas y ha consultado la información que aportáis del centro escolar o de los profesionales que habéis visitado hasta llegar allí. Ha sido fácil. Lo peor ha sido escucharte a ti mismo decir tantas cosas negativas de tu hijo. En el fondo, la consulta te ha decepcionado un poco. Aunque es posible que no te haya sorprendido el resultado.

Tu hijo tiene TDAH, ¿y ahora qué?

Un montón de dudas se agolpan en tu cabeza. Necesitas más tiempo de consulta para poder plantearle al médico todas tus preocupaciones. A la próxima cita piensas llevar una lista de preguntas anotadas para que no se te olvide nada.

¿Cómo es posible? ¿Puede ser que sea culpa nuestra? ¿Se curará? ¿Qué podemos hacer para ayudarle? ¿Entonces no es simplemente un niño vago o maleducado? ¿Cómo podemos decírselo a sus profesores? ¿Pero eso del TDAH existe realmente? ¿Conviene que lo sepa la familia? ¿Qué le decimos al niño?…

No te queda más remedio que afrontarlo. Ser valiente es asumir la realidad. Al fin y al cabo, un diagnóstico no cambia a tu hijo. Tras el momento inicial de confusión, afrontando los miedos y dudas, empiezas a entenderlo. Tu hijo es el mismo de siempre, simplemente ahora podéis entender lo que le ocurre y tenéis cerca una persona de confianza con conocimientos suficientes para poder ayudarle. Tú ya sabías que tenía dificultades para manejarse en su entorno, pero ahora ya sabes porqué.

Puede que te sientas triste pensando en su futuro, pero pronto comprenderás que es la misma tristeza que si te hubieran dicho que es miope y necesita gafas, o que es celiaco y no puede tomar alimentos con gluten. Ahora sabes cómo ayudarle a conseguir sus logros. No se trata de unas gafas o una dieta especial, pero se le parece. Y te sientes aliviado.

Puede que te enfades mucho, es posible que no te lo creas y cuestiones la opinión del profesional. Entonces empezarás a leer y documentarte, puede que ahora que me lees te sientas así. Entonces muchas de las cosas que leas te resultarán familiares. Empezarás a darte cuenta de que se abre una puerta para que la vida familiar sea más tranquila y tu hijo por fin sonría otra vez.

Es posible que tu pareja o tu familia no lo tengan tan claro como tú. Te recomiendo que te acompañen a las consultas con el especialista, que podrá resolver todas sus dudas.

Tampoco te sientas mal si crees que necesitarías una segunda opinión. Es posible que tu hijo, además del TDAH tenga otras dificultades de aprendizaje o exista algún factor estresante familiar o ambiental que haga difícil el diagnóstico, incluso es posible que a la primera no hayas dado con un profesional experimentado en el manejo de estos trastornos o simplemente que no te sintieras cómodo en la consulta. Lo más importante es que tengas la seguridad y la tranquilidad de que el especialista que atiende a tu hijo, además de ser un profesional formado y al día en las novedades científicas, tiene en cuenta la singularidad de vuestra familia que respete vuestra opinión y la tenga en consideración, cuando os haga una recomendación terapéutica.

Tu actitud frente al TDAH repercute en tu hijo
Llegado este momento, te estarás dando cuenta de cómo ha cambiado vuestra vida desde que sabes lo que le pasa a tu hijo.

Ahora ya no eres como un policía que le multa y le controla. Tu hijo sabe que le comprendes, conoce sus puntos fuertes y sus debilidades y sabe cómo pedir ayuda cuando la necesita. Ahora eres como su “asistente personal”. Tu hijo te pide que le recuerdes las cosas que suele olvidar, comparte contigo “trucos” para organizarse mejor, y juntos habéis elegido una palabra clave para hacerle saber que tiene que parar, respirar y pensar, cuando hay demasiada gente. Ya no te sientes incómodo cuando se mueve o hace demasiado ruido jugando, o en los sitios donde no es adecuado moverse. Ahora entiendes cómo se siente y le ofreces alternativas para que pueda moverse sin molestar.

Además, su autoestima ha mejorado desde que cuenta con apoyo de los que le rodean, lo que hace que se muestre mucho más motivado para los trabajos académicos y la organización de sus rutinas. Por fin le invitan a las fiestas de cumpleaños y a jugar a casa de sus amigos. ¡Hasta duerme en casa de los abuelos!

Si has llegado hasta aquí, puedes estar satisfecho. Eres un padre o madre valiente, que afronta las circunstancias y decide que puede hacer algo por mejorarlas. Eres un padre o madre responsable que no se deja llevar por opiniones o noticias sensacionalistas y decide formarse su propia opinión con toda la información posible y con sentido común.

Creditos TDAH Y TU
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