«Las medidas para asegurar el pleno desarrollo escolar de los niños con TDAH son insuficientes»


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Aunque cada vez los centros educativos están más concienciados sobre los niños con dificultades de aprendizaje, todavía queda un largo camino por recorrer para que los docentes estén preparados para poder atender a estos pequeños en el aula.


Ángel Terrón, psicólogo y director del centro Educa-at, explica que «en 2015 se aprobaron una serie de medidas dentro de la ley orgánica 8/2013 de 9 de diciembre, con el fin de asegurar las medidas necesarias para que los niños con dislexia, dificultades especificas del lenguaje o TDAH puedan alcanzar el máximo desarrollo de sus capacidades personales, pero, —prosigue este experto— aunque al principio supusieron una revolución porque antes no existían ninguna norma, dos cursos después nos estamos dando cuenta de que se están quedando ciertamente desfasadas o que no se están desarrollando».

El especialista explica que estas medidas «son de obligado cumplimiento en la Comunidad de Madrid, y aunque son muy útiles, los colegios no saben como aplicarlas. Para aquellos que no tienen un gran conocimiento de TDAH, como suele ocurrir, si se aplican sin completarlas con otra serie de disposiciones, quedan cojas. Los profesores se ciñen a las ordenanzas y muchas veces no saben ni para que son. Nos hemos encontrado con unas normas que pueden ayudar a los niños, pero que no tienen desarrollo y no van acompañadas de instrucciones».

Método de trabajo

Tanto Terrón, como su colega Alberto Jiménez, se dedican a dar formaciones en todo tipo de colegios para que los profesores sepan como actuar cuando tienen un niño con dificultades de aprendizaje entre sus alumnos.

Describen su metodología contando que «lo primero que hay que tener claro es que el colegio tiene que querer un cambio. Una vez que el centro quiere esa variación a nivel metódologico, hay que saber que tiene que hacerse de manera progresiva. La solución no está en cambiarlo todo radicalmente. Lo primero que planteamos es que los profesores tienen que hablar con los alumnos del contenido que están impartiendo, que cada 15 minutos tienen que hacer un parón y realizar una síntesis con los estudiantes de lo que están viendo. Esto se puede hacer de manera individual y grupal. Si es esta última modalidad nos acercamos al trabajo cooperativo». El problema es que «los profesores quieren poner en práctica este formato—explica Jiménez— pero muchas veces nos dicen que no pueden estar parando cada poco, ya que no tienen tiempo para cumplir con el temario, con lo que (según ellos) nuestro sistema se convierte en utópico».

Terrón aclara que, por otra parte, el trabajo cooperativo, que es muy beneficioso para los niños, es peligroso cuando se trata de pequeños con trastornos de aprendizaje: «Hay que tener mucho cuidado, porque en grupo, estos niños pueden llegar a sentirse inferiores o con menos conocimientos. Además pueden experimentar el rechazo porque los demás componentes del grupo no le quieran en el equipo debido a sus dificultades».

Jiménez continúa apuntando que «en segundo lugar enseñamos a los maestros que la clave es la combinación de los elementos tradicionales con elementos audiovisuales. Y, por supuesto, luchar por la implicación del alumno. Si les comprometes se les quedan los conocimientos mucho más. Y el aprendizaje es mejor».

En cuanto a la formación del profesorado los especialistas recalcan que «no debería llegar nadie a trabajar con niños que no tuviera auténtica vocación. Con la crisis mucha gente se puso a enseñar, pero sin ganas. Los profesores deberían tener un punto de psicólogos, dotes comerciales, ser un referente para los alumnos...»

«Nuestra formación para docentes contiene una parte teórica que trabaja las emociones. Los profesores tienen mucha ansiedad y les dejamos que la saquen y les aportamos soluciones para controlarla. A continuación les damos un marco teórico de referencia sobre las dificultades actuales a nivel de aprendizaje y finalizamos con una parte práctica donde vemos, asignatura por asignatura, que claves son necesarias para que en esa materia los alumnos se enganchen. No es igual lo mismo literatura que historia. Hay que entender que cada asignatura tiene unas claves que potenciar».

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