EL DÉFICIT DE ATENCIÓN ES MÁS DIFÍCIL DE DETECTAR



Cada vez es mayor la preocupación tanto por parte de los padres como de los docentes sobre si uno de sus hijos o alumnos presenta un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Existen diferentes subtipos de TDAH, siendo uno de ellos el inatento. El rasgo principal de estos niños es la alteración de la calidad de la atención y memoria de trabajo y muchas veces son etiquetados inicialmente como niños “vagos”, “desinteresados” o “desmotivados”.

Aunque globalmente el TDAH es más frecuente en niños varones, el TDAH de tipo inatento es más frecuente en niñas. A medida que pasan los años, debido a la atenuación de los rasgos impulsivos e hiperactivos de los otros subtipos, se va igualando la proporción entre sexos. Los trastornos de ansiedad son más frecuentes en este subtipo. Este tipo de niños pasan más desapercibidos y suelen ser remitidos de manea más tardía al especialista.
La hiperactividad es el trastorno estrella del TDAH.

En la mente de muchos padres y profesionales cuando hablamos de TDAH pensamos en un niño inquieto, con mucha actividad. Esta imagen mental que nos viene a la cabeza es probablemente el reflejo de la información que nos ofrecen los medios de comunicación. Muchas notas de prensa se inician con comentarios como “niños que sufren hiperactividad”. Además algunos personajes mediáticos han reconocido padecer TDAH como son Pablo Motos o Jim Carrey lo cual contribuye a que percibamos a estos niños como muy inquietos.

Así muchos padres y profesionales, cuando hablamos de TDAH, visualizamos un niño inquieto, que se mueve mucho, que no es capaz de centrarse en una actividad y que interrumpe el ritmo de la clase o de la dinámica familiar constantemente.

Efectivamente este tipo de niños ya desde muy pequeños muestran estos rasgos. En los primeros años de escolarización son niños que se mueven mucho, cambian rápidamente de tarea y pueden seguir con dificultad las normas de clase. En casa los padres refieren una situación parecida, tendrán probablemente dificultades para establecer los límites, y, en muchas ocasiones, son niños con dificultades para conciliar el sueño o presentan sueños inquietos. Es más frecuente en este tipo de niños los golpes y caídas ya que presentan mucha actividad motora y son más menos prudentes.

Al pasar a cursos en los que se inicia la formación académica estos niños comienzan a fallar en el rendimiento escolar. Su forma de comportamiento les limitará para seguir las clases y fijar los conceptos. Además en ocasiones comienzan a presentar problemas de conducta y de integración escolar debidos a peleas o incapacidad para seguir las normas del profesorado.

Por tanto ya desde la primera infancia los pacientes con TDAH de tipo hiperactivo o combinado suelen ser el centro de preocupación tanto de padres como de profesores. Debido a ello ello, ya sea a través de los profesores o a través de los padres y muchas veces en relación a los problemas de comportamiento y/o rendimiento escolar, suelen ser remitidos a las consultas del especialista rápidamente.


El déficit de atención pasa desapercibido

“Es un niño modelo, no molesta en clase, está bien integrado pero cuando doy la clase parece estar en su mundo, no atiende”

Éste es el comentario más común del profesor en relación a los niños que padecen TDAH de tipo inatento. Al contrario que los subtipos hiperactivo o combinado en los que la impulsividad y la hiperactividad están presentes de manera patente, los niños que sufren el subtipo inatento no presentan estos síntomas o son muy atenuados.

Durante los primeros años de escolarización son niños que no dan problemas de integración ni de comportamiento en la clase. Sí pueden apreciar los profesores que no siguen las tareas a menos que les comenten de manera reiterativa lo que tienen que hacer. Si no, se ensimisman en su mundo. Además será relativamente frecuente que presenten olvidos y que, si son ellos los responsables de sus objetos, se dejen la chaqueta o las agendas en donde no deben. En casa los padres, dado que en estas edades no tienen tareas, no notarán ningún comportamiento extraño. Son simplemente niños tranquilos, algo olvidadizos.

Sin embargo al pasar los cursos e iniciar la carga académica los profesores comenzarán a notar que son niños que no parecen escuchar en clase. Quizá se dediquen a mirar su bolígrafo o ver por la ventana que pasa fuera (aunque no pase nada). No interrumpirán la clase ni se levantarán y el profesor no albergará ninguna preocupación sobre ellos hasta que se realicen los primeros exámenes: entonces se descubre que ese buen alumno que no molesta en clase no rinde académicamente y suspende.

Reacciones frecuentes cuando se detectan problemas

A muchos padres se les recomienda que inicien refuerzo de los contenidos. A nivel escolar en muchos centros inician horas extra de refuerzo en algunas asignaturas. A las familias les recomiendan que hagan más tareas y/o que busquen profesores particulares o academias. Pero, aunque al inicio puede solucionar parcialmente la situación y remontar esa bajada en el rendimiento escolar, a medida que cambian los cursos y las exigencias en los contenidos, de nuevo se produce la misma situación: en clase siguen dispersos, no rinden y suspenden o consiguen superar el examen con la mínima nota pero con un esfuerzo hercúleo tanto suyo como de la familia.

Siguen siendo niños con un comportamiento modelo, son distraídos y siguen perdiendo objetos aunque en menor medida que cuando eran más pequeños. En cursos más avanzados lo que es llamativo es que olvidan apuntar los exámenes en las agendas o la entrega de trabajos. Muchos de estos niños estudian tras la jornada escolar con sus padres (porque si no se distraen y tardarían mucho más) durante horas. Hacen esquemas, repiten contenidos, repasan los exámenes…pero a la hora de hacer la evaluación el niño no se acuerdan bien, no distribuyen bien el tiempo, no les da tiempo, comenten fallos a la hora de copiar un número de la suma en el examen de matemáticas…

Por todo ello el momento en el que la alerta salta en los profesores o los padres y comienzan a buscar ayuda profesional se demora ya que son niños que en un inicio pasan desapercibidos.

Consecuencias del retraso de detección del déficit de atención
La consecuencia inicial y más obvia es el bajo rendimiento escolar. Son niños que a pesar de dedicar una importante parte de su tiempo al estudio tienen un rendimiento bajo o muy bajo. A consecuencia de ello su vida (y la de sus familias) se comienza a reducir al estudio. Muchas veces las tardes y los fines de semana se reducen a repasar contenidos de los libros y se pierden las horas tanto de ocio como de realización de actividades más sociales como pueden ser los deportes o actividades de diversión.

Esto, junto a la sensación de estos niños de que su esfuerzo no es recompensado, puede hacer que pierdan interés o incluso rechacen los estudios. Además pueden desarrollar baja autoestima: al ser de los últimos de la clase se sienten “tontos”. No quieren salir a las pizarras a contestar las preguntas o hacer los exámenes por miedo a un nuevo fracaso. Muchos presentan bloqueos a la hora de realizar los exámenes debido a la inseguridad sobre sus propias capacidades. Algunos niños pueden incluso desarrollar problemas de ansiedad y/o depresión.


Consejos para padres y maestros
Como hemos visto anteriormente, es difícil detectar el déficit de atención. Cada niño es diferente y hay niños que son distraídos y despistados que, sin embargo, cuando comienzan los cursos académicos rinden de manera adecuada. Sin embargo algunos de ellos tendrán los problemas comentados anteriormente a medida que incremente la exigencia académica. Son estos los niños a los que, quizá no en el primer examen que suspendan o tengan un rendimiento bajo, pero sí, si esa es la tendencia, se les deba recomendar acudir a un especialista.

Aquí se exponen unas pequeñas pautas que pueden hacer sospechar que existe un problema de atención que repercute en tu hijo/alumno:

En clase

Niños distraídos, están “como en su mundo”.
No apuntan las tareas en las agendas
Olvidan objetos
Los exámenes no les da tiempo por mala gestión de éste.
No entregan los trabajos cuando les corresponde u olvidan que tienen examen.
Por todo lo demás probablemente siga siendo el buen alumno que no molesta en clase.

En casa

Los padres les tendrán que recordar muchas veces lo que tienen que hacer.
Al hablarles parece como que no te escuchan.
Las tareas no las podrán hacer solos porque se distraen, e incluso estando con los padres muchas veces les tendrán que dar toques de atención.
Los padres tienen que revisar el material escolar tanto a la ida como a la vuelta del colegio para comprobar que no falte nada.
Habrá castigos porque el niño no había apuntado en la agenda la entrega de un trabajo o un examen.
En esos casos en los que estos factores tengan un impacto importante en la vida del niño, sería recomendable remitir al especialista para evaluar si estamos ante un caso de TDAH de tipo inatento.

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