FALSOS MITOS SOBRE EL TDAH



El TDAH es culpa de los padres

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, de origen neurobiológico y con una gran carga genética (coeficiente de [...]


El problema con el TDAH es que la sintomatología que presentan los niños: inmadurez en el funcionamiento ejecutivo, hiperactividad e impulsividad se traducen muchas veces en comportamientos más frecuentes en niños sanos con falta de límites educativos. Eso hace que se tema por falsos positivos (niños diagnosticados con TDAH que no lo son). “Este es un ejemplo de la necesidad que tenemos de formar e informar sobre el TDAH. Hoy por hoy no contamos con un test que identifique un marcador biológico (un test genético, los resultados de una prueba neurológica, etcétera) que sirva para discriminar claramente quien tiene o no tiene TDAH. Pero tampoco lo hay para la depresión ni la dislexia y sabemos que existe y que con tratamiento se obtienen mejoras”, añade Orjales.

El diagnóstico se hace con entrevista clínica a los padres y al niño, cuestionarios, exploración física para descartar problemas de visión, audición u otros problemas médicos. Se hacer analíticas (para descartar anemia, hipotiroidismo, hierro bajo…), test de inteligencia y de atención, y también se debe utilizar la información de los profesores con cuestionarios o entrevistas. “No es necesario realizar ni resonancias ni electroencefalogramas, se hacen si se sospechan otros problemas. Lo más frecuente es diagnosticarlo entre los 5 y los 8 años, puesto que si son más pequeños es difícil de diferenciar los síntomas del niño con desarrollo normativo”, recalca Soutullo.

Falta de autocontrol

Muchos TDAH son impulsivos, no piensan en las consecuencias y tienen reacciones terribles en los momentos más insospechados. Además de los menores, los familiares también necesitan tratamiento psicoeducativo y formación específica. “Los padres deben saber que, independientemente de las variaciones propias del temperamento de cada niño, tienen un hijo más difícil de educar y que no valdrá que sean padres tipo medio. Deben ser cuasi profesionales en educación y psicología de la conducta y para ello deben recibir asesoramiento, formación. Un niño con TDAH es, muchas veces, una mezcla explosiva de simpatía, energía, inmadurez en el autocontrol, entusiasmo, disfrute, falta de regulación emocional, inteligencia e intuición. Un niño con TDAH puede hacer una observación propia de un niño dos años mayor a la vez que reaccionar con la pataleta de un niño dos años más pequeño simplemente porque mamá olvidó llevarle el bocadillo al recogerle del colegio”, describe el doctor.


Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades
Los problemas más habituales que se observan en un TDAH son los derivados de un funcionamiento ejecutivo inmaduro (a veces hasta 2 años por debajo de la edad cronológica), aumento de la fatiga en tareas que exigen atención sostenida (las explicaciones en clase, por ejemplo) con la consiguiente pérdida de información, trabajo muy lento e inconstante (dificultades para terminar tareas y exámenes), inmadurez en la automatización de los procesos implicados en la lectura (con dificultades para derivar recursos para procesos complejos como la comprensión lectora o la aplicación de las reglas ortográficas al tiempo que se hace un dictado), procesamiento impulsivo de la información escrita con pobres estrategias de actuación (errores en la interpretación de las preguntas de examen que han estudiado o al leer enunciados matemáticos), etcétera.

No todo es negativo. Los niños y los adultos con TDAH viven la vida con intensidad, quizá por encima de sus posibilidades. Pueden llegar a tener potenciales increíbles para la ayuda al prójimo, la música, las actividades deportivas, la pintura, la poesía, etcétera. Si son capaces de reestructurar sus talentos pueden llegar a ser los mejores deportistas (Michael Phelps, Simone Biles), artistas (Mozart) o los más grandes y audaces empresarios (Steve Jobs). Llegarán donde nadie ha podido llegar.

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