TDAH Y ANSIEDAD



Este es un relato ficticio que refleja la realidad del TDAH y ansiedad.


Tener ansiedad no es algo extraño para mí, muchas veces la siento y aunque me parece absurdo y me gustaría no tenerla, no puedo más que reconocer la absurdidad de la misma. Esto es lo que los médicos y psicólogos llaman un trastorno de ansiedad. Es como un interruptor que enciende la luz incluso cuando es de día, que te pone en alerta y te pone en guardia, pero no hay ningún peligro o no es tan grande como tú crees. Es así la ansiedad, es una cosa normal para todo el mundo, porque todos sentimos ansiedad alguna vez, pero que a mí, por su elevada frecuencia, por su elevada intensidad y por su larga duración, es algo que me hace sentir mal, ponerme triste y anticipar que todo saldrá mal. Me cuesta dormir por las noches porque no puedo dejar de pensar en lo que me espera mañana. Me cuesta concentrarme más de lo habitual. Los psicólogos le han puesto nombre a mi ansiedad, es un trastorno de ansiedad generalizada, esto es algo así como que todo me angustia y me sobrepasa, sólo anticipo desgracias y problemas en mí y en las personas que más quiero. Entonces si a eso le añades el TDAH ya te puedes imaginar.

 No sabría explicar muy bien como es, sólo sé que lo siento. Es como un calor, como un vacío que siento entre mi pecho y estómago, como un “zumba” y después “un zasca”; eso es cuando a esa sensación de ansiedad le sigue un pensamiento de pánico, pensamientos tan absurdos como el mismo miedo.

Ansiedad por si mamá se olvida de venir a recogerme hoy al salir de entreno (¿pero cómo se va a olvidar si nunca se ha olvidado?), ansiedad a qué cuando tenga que hablar en clase me quede en blanco (que eso sí que me pasó una vez, una vez de miles de veces pero recuerdo esa),1 ansiedad por si papá tiene un ataque al corazón como el que tuvo un compañero de su trabajo de su misma edad (aunque según la última revisión médica de papá su corazón estaba perfecto, tanto que incluso el colesterol y los triglicéridos los tiene bien y eso que ya tiene 42 años). Entonces tengo que llamar continuamente con el móvil a casa para confirmar que todo esté bien.

No es fácil empezar el día cuando sólo levantarte de la cama te aturden miles de pensamientos que sólo te dicen todo lo malo que te puede pasar. Te montas tantas películas, le das tantas vueltas a todo, que a veces sientes como que no puedes parar de pensar. Si mamá se retrasa al llegar a casa pienso que si a ella le pasara algo no sé qué sería de mí… Os pareceré interesada, pero es así. Si un día mi padre y mi madre discuten, ya pienso que seguro que se separaran y ese pensamiento no me deja dormir. En las épocas de más trabajo escolar incluso hay días que siento náuseas antes de marchar al instituto; me siento como un náufrago a quien la ola más gigante del mar le traga todo entero y la angustia de sentir esa presión encima, me hace ir al baño corriendo, abro la boca con gran eructo y no saco nada; tengo náuseas, después se me pasa, cojo la mochila y continúo con el día.

Tengo 16 años. Estudio bachillerato. Siento ansiedad en los exámenes y en las exposiciones de grupo. Lo estoy trabajando con el psicólogo clínico y me ayuda, lo llevo mucho mejor, aprendiendo a controlar mis pensamientos y haciendo cosas, acciones, que me ayudan a relajarme y a tomar distancia de mi ansiedad.

También mi ansiedad me pone difícil estar de buen humor y a menudo me enfado sin motivo o contesto mal. También me pasa con los compañeros. Incluso con los profesores. Con mis padres. Ellos me dicen, Belén, ¿cómo puede ser que con tu TDAH y con lo despistada que eres, que un día vas a perder la cabeza, seas tan negativa, contestona y preocupadiza? No tengo respuesta. El psicólogo sí. Los trastornos de ansiedad son trastornos frecuentes en los niños y niñas con un TDAH. Es curioso porque pierdo cosas cada dos por tres, me desconcentro en clase, me cuesta seguir textos, pero en cambio no pierdo ni uno de estos pensamientos que me dan tanto mal rollo. Soy sufridora y contestona, sí. El humor y reírme también ayuda a mejorar mi ansiedad y a relajarme un poco.

Este curso pasado lo pasé muy mal, además de las visitas con mi psiquiatra para ver cómo me sienta la medicación para el TDAH, éste me propuso que empezara tratamiento con un psicólogo clínico que me ayudara en esto de mis pensamientos. Primero no lo acepté porque esto de ir a los psicólogos me angustiaba y me ponía ansiosa, por si me iba a leer el pensamiento y esas cosas (que ahora ya sé que no, pero entonces no lo sabía). Y un día fui. En la sala de espera había un chico que de entrada me pareció el típico niño que va de chuleta en clase. Lo miré y pensé que era un creído seguro (estaba sentado con su gorra y whatsapeaba con un móvil supergrande). No me gusta la gente creída. Mientras lo miraba me miró, y yo, cosa rara en mi (qué vergüenza cuando lo pienso), sin saber porqué, que aún no lo sé, le sonreí; él se puso rojo, se le cayó la gorra, cuando la iba a coger se le cayó el móvil y, entonces, me empecé a reír como nunca. Él me pareció que se hacía más pequeño en la silla. También me puse roja. Los dos rojos. Él todavía más… Pero sabéis una cosa, entonces al mirarnos mi ansiedad por un momento se marchó, le miraba y era como no sé, cómo si esa sala de espera fuese entonces la de un cuento y yo y ese chico los personajes.

Ese chico se llama Edu, tiene 15 años y tiene TDAH, cómo él dice, T de Tenaz, D de Diligente, A de Asertivo i H de Humano. Él es así de ocurrente. Le conozco de cada viernes en el psicólogo. Hace un mes. No sé qué me pasa cuando estoy con él, pero todo es distinto. No tengo ni idea de qué es, pero es bonito lo que ahora siento. Escribo esto y me emociono, pero es todo muy raro. No sé si me gusta, que creo que sí. No siento ansiedad cuando pienso en él, y ¡eso es tan raro en mí! Otras veces me agobia la sensación de no volverle a ver más. Otros días pienso si le resultaré aburrida o le darán el alta y no quiero eso, y eso me angustia. Él siempre me hace reír. No sé, la verdad estoy hecha un lío. No entiendo nada porque ahora me parece tan mono y antes lo veía un chuleta… menudo lío tengo en la cabeza…

Este trastorno de ansiedad generalizada me pone a veces difíciles las cosas, pero como un día me dijo el psicólogo en una visita, aquí mandas tú y no tu trastorno; y es verdad, y cuando él asoma la cabeza le digo eso (“aquí mando yo”) y me pongo a pensar en las cosas que sí me ayudan. No es fácil, pero con las pautas del psicólogo, la medicación para el TDAH, mi familia y por encima de todo, gracias a mi esfuerzo por mejorar, estoy consiguiendo pequeños y grandes avances, para que el trastorno de ansiedad sea cada vez más pequeño y yo más grande.
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