CUANDO SE JUNTAN TDAH Y DEPRESIÓN




Durante años se ha negado la existencia de los trastornos depresivos en la infancia, sobre todo por considerar que ésta es una etapa feliz de la vida, de manera que se convierte al niño en un ser invulnerable frente al dolor.

Sin embargo, la realidad es otra y muy especialmente en los niños con TDAH, muchos de los cuales aparecen por primera vez en la consulta con una máscara depresiva que puede dificultar el diagnóstico del TDAH. En la mayoría de las ocasiones esto se debe a la conciencia que toma el menor de las dificultades que le acarrea el TDAH: mal rendimiento académico, dificultad en la relación con iguales, problemas de ajuste familiar, etc.

Aunque en función de la edad la expresión de los síntomas depresivos puede variar, es frecuente que el menor aqueje molestias físicas erráticas (dolor de cabeza o de barriga), tenga episodios de llanto o de franca irritabilidad, abandonando el juego o las actividades recreativas e incluso llegue a negarse a ir al colegio. Así, es habitual que se sienta tan frustrado que se apegue aún más a sus padres y a la seguridad que le proporciona su hogar.

Frente a esta situación es vital que la familia reconozca que hay un problema que no es una “crisis del desarrollo” y pida ayuda cuanto antes ya que así se ahorrará mucho sufrimiento al menor y posiblemente la respuesta al tratamiento sea también más rápida. Pero no es este el único papel que puede jugar.

Así, cuando sea posible, lo más eficaz es intentar modificar la causa de la depresión (por ejemplo: un excesivo nivel de exigencia en los estudios).

También es aconsejable que reduzcan los comentarios críticos que hagan al menor y, en su lugar, intenten reconocer los aspectos más positivos de su conducta para mejorar así su nivel de autoestima, pero siempre evitando caer en la sobreprotección.

Otra medida que puede ser útil es el promover que el niño participe en alguna actividad de ocio y tiempo libre que sea de su agrado y que además pueda facilitarle la relación con otros chicos de su edad.

Y en todos los casos es recomendable escuchar al niño y trabajar con él para enseñarle a resolver sus problemas, facilitando que él mismo sea capaz de buscar distintas soluciones y evaluando las ventajas e inconvenientes que presenta cada una de ellas.

Lo habitual es que una vez identificado el problema en consulta y aplicando las medidas específicas para el tratamiento del TDAH, se produzca un mejor ajuste del menor a su medio, que promueva la resolución del cuadro depresivo.

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