TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE Y TDAH




El Trastorno Negativista Desafiante (TND) es un tipo de trastorno del comportamiento que se caracteriza, según uno de los manuales diagnósticos más utilizados (el DSM-IV-TR) por los siguientes criterios:

Criterio A

Patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante, que dura al menos 6 meses, periodo durante el cual al menos cuatro de los siguientes comportamientos están presentes:

1. Con frecuencia se encoleriza o incurre en pataletas.

2. Con frecuencia discute con los adultos.

3. Con frecuencia desafía activamente o se niega a cumplir las reglas o instrucciones de los adultos.

4. Con frecuencia molesta deliberadamente a otras personas.

5. Con frecuencia culpa a los demás de sus errores.

6. Con frecuencia es susceptible o fácilmente molestado por otros.

7. Con frecuencia está enfadado o resentido.

8. Con frecuencia es rencoroso o vengativo.

Criterio B

La alteración en el comportamiento causa un impacto clínicamente significativo en su funcionamiento social, académico u ocupacional.

Criterio C

Los comportamientos no ocurren exclusivamente durante el curso de un trastorno psicótico o depresivo.

Criterio D

No se cumplen los criterios de trastorno disocial, y, si el sujeto tiene 18 años o más, tampoco los de trastorno antisocial de la personalidad.

¿Qué es el TND?

El niño con Trastorno Negativista Desafiante, es “difícil”, se enfada fácilmente y enfada a los adultos con los que convive, a los que consigue con cierta facilidad “sacar de sus casillas”. Es frecuente que en esta situación relacional se genere un círculo vicioso que provoca un gran sufrimiento a todos los implicados en él y que puede tener consecuencias muy negativas tanto en la esfera familiar como en la académica y social.

Prevalencia y TDAH

Habitualmente, comienza en la edad pre-escolar y suele continuar durante la edad escolar, aunque con tratamiento, hasta el 70% dejan de cumplir criterios diagnósticos durante el seguimiento. La mayoría de los pacientes tienen buen pronóstico.

El TND afecta a entre un 3 y un 8% de los niños. Entre el 30 y 50% de los niños con TDAH pueden presentar el patrón del TND, por lo que debe investigarse la posibilidad de este diagnóstico en todo niño y adolescente que es diagnosticado con TND.  Se ha descrito que ambos trastornos son más habituales en niños que en niñas.

Causas

El TND tiene causas múltiples y se estima que puede originarse a partir de la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Es habitual encontrarlo en niños con un temperamento difícil o con TDAH, con dificultades para aprender a desarrollar habilidades autónomas. Otros autores refieren que los rasgos negati3vos del TND son actitudes aprendidas que reflejan los efectos de las técnicas de refuerzo negativo utilizadas por los padres y otras personas en posición de autoridad. Al utilizar los refuerzos negativos se incrementa la frecuencia e intensidad de los comportamientos desafiantes en el niño, ya que logra la atención, el tiempo, la preocupación y la interacción deseados.

Se han descrito, además, circunstancias sociales que favorecen la aparición del trastorno, como la pobreza, la pertenencia a ambientes muy marginales, la falta de supervisión del comportamiento del menor, una actitud excesivamente dictatorial o demasiado permisiva por parte de los padres o el establecimiento de normas arbitrarias.

No es raro encontrar en la familia la presencia de otros trastornos psiquiátricos que pueden ser anteriores (y jugar un papel en su origen) o posteriores (y consecuencia) de la aparición del TND del niño, y que en cualquier caso, pueden actuar como factores mantenedores, por ejemplo, que alguna o ambas figuras parentales presenten una depresión, un trastorno por ansiedad o un TDAH, entre otros.

¿Cómo tratarlo?

El tratamiento es multidisciplinar. No existe ninguna solución “fácil y rápida”. Debe ser individualizado para cada paciente y cada familia según sus puntos fuertes y sus necesidades. Es indispensable establecer una relación de confianza en la que tanto el niño y su familia, como el profesional, se sientan suficientemente seguros para abordar la situación de frustración que vive el niño y su familia que, habitualmente, se sienten cansados, desesperados y, muchas veces, impotentes y culpables. Cuanto antes se inicie el tratamiento mejor será el pronóstico y más fácil será controlar la aparición de otros trastornos asociados.

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