Cómo ayudar a un niño con TDAH




Si lo que nos proponemos es enseñar al niño con TDAH a ser más reflexivo y, por lo tanto, menos impulsivo, los primeros que debemos de actuar de esta manera somos los padres, docentes y profesionales que trabajemos con el niño.

La mejor manera de ayudar al niño es siendo un buen modelo, actuando de la manera en que queremos que actúe el niño. Por ejemplo, si estamos inculcando al niño a mantener el respeto del turno de palabra, levantando la mano para que se le escuche, nosotros también deberemos hacerlo, respetaremos los turnos cuando mantengamos conversaciones con otras personas.

Cuando hablamos de autocontrol, nos referimos a la capacidad que tienen las personas de gestionar, de una manera voluntaria y consciente sus actos, producciones verbales o su comportamiento en general.

Hay que ayudarle a controlar e inhibir la conducta, a controlarse. Para ello se le enseñara a pensar antes de actuar, que se tome su tiempo antes de responder, etc. Con esto, a lo que nos estamos refiriendo es, evidentemente, a instruirlo en el uso de las autoinstrucciones.

Además, generaremos estrategias de entrenamiento para ayudarle a entretenerse mientras demora la respuesta. Por ejemplo, con los niños pequeños podemos llevar siempre en el bolso una libretita. Entonces, cuando ellos se aburran podrán pintar en ella. A los más mayores podemos enseñarles, por ejemplo, que mientras espera una cola, vaya planificando lo que tienen que hacer luego. Estas estrategias dependen, evidentemente, de cada niño y de cada situación. Debemos buscar, o mejor, que ellos busquen estrategias que les sirvan para controlar la conducta y la impulsividad.

La impulsividad es una de las causas del comportamiento inadecuado, la precipitación en las respuestas hacen que no entren en marcha los mecanismos de reflexión que seleccionarían una respuesta más adecuada, que probablemente sería más racional y menos emocional que la que tiene los niños con TDAH en la mayoría de las ocasiones.

Por ello, las autoinstrucciones les van a proporcionar, de manera paulatina, una serie de pasos que deberán seguir, hasta el momento en que los interioricen e incorporen a sus rutinas, para que sus actuaciones sean más reflexivas y menos impulsivas poco a poco.

Cuando lo que queremos no es modificar una conducta, sino cambiarla por completo o hacer que desaparezca, lo mejor es la ignoración. Muchos de los comportamientos disruptivos que tienen los niños, tienen un propósito, generalmente la búsqueda de una respuesta por parte de los mayores, los compañeros de clase, los amigos, etc. Si el niño no obtiene esa respuesta que busca, que para él es como una recompensa, poco a poco irá eliminando la conducta puesto que no le reporta ningún beneficio, hasta el momento en que se elimine por completo.



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