TDAH y Trastorno bipolar


El solapamiento de síntomas con el TDAH con el trastorno bipolar es todavía más marcado que para el trastorno depresivo mayor y la distimia (trastorno afectivo de carácter depresivo crónico, caracterizado por la baja autoestima y aparición de un estado de ánimo melancólico, triste y apesadumbrado, pero que no cumple con todos los patrones diagnósticos de la depresión).  

Los síntomas más relevantes en el trastorno bipolar son: el sentimiento de grandiosidad, el animo exaltado, la realización de actos atrevidos, la falta de inhibición en dirigirse a la gente,  pensamiento veloz, hipersexualidad, disminución de la necesidad para dormir, pensamiento muy agudo,  incremento de la productividad, humor irritable y lenguaje acelerado.


La escala de Young para la manía se ha mostrado útil para diagnosticar de trastorno bipolar a niños con TDAH. Esta escala ha sido recientemente adaptada a la población española, y existe además una versión para padres.

Hace  quince años,  se obtuvo en los diferentes estudios que, a pesar de que ambos trastornos comparten varios síntomas, al compararlos, se halló más psicopatología en los niños maníacos que en aquellos que sólo presentan TDAH. Los últimos estudios indican que mientras los  maníacos difieren de los niños con TDAH en las escalas para medir manía, no hay diferencias  entre ambos grupos en aquellas que evalúan TDAH.

En el estudio, de WOZNIAK  y cols., realizado con 43 niños bipolares maníacos,  de 12 años de edad, tratados en consulta externa, se observó que el 94%  tenía  comorbilidad con TDAH. Este  tema, así como las  diferencias  y  similitudes  entre  ambos diagnósticos, ha  sido investigado por el equipo de la  Dra. GELLER, en Saint Louis,  con resultados  estadísticos  que aclaran  el diagnóstico diferencial.

GELLER al comparar sesenta  niños  bipolares  (edad media, 11.0 años) y otro grupo de 60 niños con TDAH (edad media, 9,6 años), de consulta externa, observó que el grupo bipolar presentaba mayor elevación del ánimo, grandiosidad, hipersexualidad y disminución de  la  necesidad de dormir, que su contraparte con TDAH. Sin embargo, en ambos  grupos hubo distracción e hiperenergía.

En una  publicación reciente, la  misma  autora  compara  la  prevalencia  de síntomas de manía  en niños con TDAH y en controles normales. En total 268  niños  y adolescentes: 93  bipolares  (7 a 16  años), 81  con  TDAH (7 a 16 años) y 94 controles normales, de igual edad, género, etnia, salud física y características socioeconómicas.

Los resultados permiten identificar los síntomas que mejor diferencian a  los  niños  y adolescentes  bipolares  de  otros sitomas que comparten con el TDAH. En el trastorno bipolar destacan: alegría o regocijo, grandiosidad, fuga de ideas o pensamiento acelerado, disminución de la necesidad de dormir, hipersexualidad.  En la comorbilidad Trastorno bipolar y TDAH, los síntomas comunes son: irritabilidad, hiperactividad, lenguaje acelerado y distractibilidad.

También se ha descrito la comorbilidad del Trastorno bipolar con trastornos ansiosos, dándose en el 33%  de los niños y 12% de adolescentes bipolares. La cormobilidad del trastorno bipolar y los trastornos de conducta se da en el  22% de los niños yen el  18% de  los adolescentes bipolares. El Trastorno bipolar, el de conducta y TDAH, van de la mano y pueden convertir  a estos niños en disfóricos y con síntomas de oposición o problemas de aprendizaje.

FARAONE, investigador del grupo de Harvard, propone los siguientes criterios para ser tenidos en cuenta al realizar el diagnóstico diferencial:

Los síntomas de  Trastorno bipolar que ocurren con TDAH no debieran atribuirse  como costumbre a un TDAH severo y los  síntomas de TDAH que ocurren con Trastorno bipolar no debieran achacarse  al Trastorno bipolar.

Entre los niños con TDAH, la conducta antisocial debiera alertar a los clínicos hacia un potencial Trastorno bipolar.

Todos los estudios indican una alta relación entre el TDAH y trastorno bipolar que si no se tratan a tiempo pudiera tener repercusiones importantes en el niño o adolescente a nivel social y emocional. Pero todavía queda mucho por estudiar acerca de la comorbilidad de ambos trastornos.
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